Últimamente me he encontrado con un dilema en el trabajo. Mi equipo y yo llevamos usando una arquitectura de microservicios clásica para un proyecto, pero cada vez que tenemos que hacer un despliegue coordinado de varios servicios, la cosa se complica y aparecen problemas de versionado. Hemos estado considerando si dar el salto a una arquitectura basada en eventos sería una mejor opción a largo plazo, pero me da la sensación de que podríamos estar cambiando un dolor de cabeza por otro. Me pregunto si alguien más ha pasado por esta transición y cómo les fue con la gestión de la consistencia eventual, que es lo que más me preocupa.
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Qué tan viable es migrar de microservicios a una arquitectura basada en eventos?
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Entiendo el nervio: cambiar a eventos promete menos acoplamiento entre servicios, pero la consistencia eventual te puede dejar esperando para ver que todo está realmente alineado.
En la práctica, una transición así requiere patrones como event sourcing y CQRS para separar lecturas y escrituras, y un sistema de trazas para entender qué ocurrió cuándo; la consistencia eventual no se genera sola.
¿Y si el verdadero cuello de botella es la forma en que pruebas y despliegas, no la arquitectura en sí?
Me suena a promesa de milagro: cuando todos esperan lo mismo, la consistencia eventual llega con latencia y complejidad de deduplicación, idempotencia y manejo de fallos.
Tal vez convenga replantear el problema: qué necesidad de coordinación queremos resolver y si hay forma de desbloquearla con feature flags, despliegues progresivos y contratos de datos, menos dependencias.
A veces la solución está en mejorar la orquestación y la observabilidad; la arquitectura no lo arregla todo por sí sola.
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