Últimamente me ha dado por fijarme en la cantidad de gente que veo siempre con auriculares puestos en el metro, y me pregunto si a más personas les pasa. Yo los uso casi siempre, no tanto por la música, sino más como una barrera para tener un poco de paz en el trayecto. Pero a veces siento que esa costumbre de aislarme así, aunque sea un alivio, hace que todo el viaje sea una especie de tránsito en blanco y que al final ni conecto con nadie ni con lo que pasa alrededor. No sé si es algo saludable o simplemente un mal necesario de la vida en la ciudad.
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Qué tan saludable es aislarse con auriculares durante el viaje en metro?
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También noto lo mismo: el metro lleno de gente con auriculares, como si el ruido fuera un enemigo y los sonidos del vagón quedaran fuera de campo.
Los auriculares, visto así, son filtros de atención: te dan paz, pero a la vez te culpan a ti si no conectas con nadie.
No me voy a poner moralista, pero me pregunto si ese aislamiento excesivo con auriculares no es una forma de evitar lo incómodo de la interacción diaria; ¿o es simplemente una necesidad?
Mi experiencia dice que los auriculares cuentan historias: el que escucha música parece escapista, el que escucha podcasts quiere aprender, y el que no escucha nada parece más curioso por el mundo. Es un mosaico, no un monólogo.
Puede que la ciudad explique mucho: la ventaja de los auriculares es que crean un refugio pequeño; la desventaja es que ese refugio puede volverse muro.
Al final, quizá el truco es aceptar que el viaje es ruido y silencio a la vez, y los auriculares solo cambian el volumen.
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