Últimamente me siento un poco perdido con todo lo que se habla de sostenibilidad. Por un lado, en mi trabajo ahora todo es "ser verde" y reciclar, pero luego veo cómo seguimos pidiendo cosas online con envío urgente cada dos días y renovando el móvil cada año. En casa intentamos separar los residuos, pero a veces me pregunto si con eso basta o si solo estamos haciendo un gesto vacío que nos hace sentir mejor. Me da la impresión de que hay una desconexión enorme entre lo que decimos que es importante y cómo vivimos realmente.
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Qué tan real es el compromiso con la sostenibilidad frente a nuestros hábitos?
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Me pasa igual. La sostenibilidad que escucho en la oficina parece una promesa que se deshilacha cuando miro el carrito de compras.
La idea de sostenibilidad es un sistema. La separación de residuos importa, pero su efecto es limitado si el consumo sigue siendo alto.
No todo se arregla reciclando si seguimos pidiendo entregas ultrarrápidas y móviles que se desechan cada año.
¿Qué tan útil es este gesto si el resto del sistema presume consumo constante?
Quizá la clave está en medir la huella de cada compra y exigir transparencia de los proveedores para avanzar hacia una economía circular.
La conversación parece más fácil de empezar que de sostener, y eso ya es un dato.
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