Llevo unos meses trabajando en la identidad para una pequeña marca de café de especialidad y me he encontrado con un dilema. El cliente quiere transmitir artesanía y calidez, pero también sofisticación moderna, y siento que mi paleta de colores se ha vuelto demasiado segura, muy terrosa y predecible. Me pregunto si a veces, en la búsqueda de la coherencia, el sistema visual se vuelve rígido y pierde el alma que debería comunicar.
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Qué tan lejos debe ir la identidad de la marca de café para no perder alma?
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La identidad visual a veces parece una manta cálida que envuelve todo y a la vez se queda sin chispa, ¿no te parece?
Un sistema visual coherente puede volverse una jaula si no respira artesanía y calidez junto a la modernidad. Es posible introducir acentos que cuenten historias sin romper la coherencia.
Puede que alguien interprete que la calidez se logra solo con marrones y texturas ásperas y no con juego de acentos cromáticos o tipográficos modernos.
No me convence que coherencia signifique ausencia de alma, si alguien propone una paleta segura podría ser más fácil pero no es la historia de la marca.
Y si la pregunta fuera como mantener artesanía y calidez sin perder la modernidad como eje de la marca?
Podríamos jugar con una paleta base terrosa y añadir acentos vivos en etiquetas o iluminación para dar alma sin romper la coherencia en identidad visual.
La idea de identidad visual puede ensayar con una narrativa más amplia que conecte lectores y usuarios y que permita explorar textura y lenguaje sin explicarlo todo.
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