Hace poco me pasó algo curioso trabajando en la identidad para un pequeño café del barrio. Después de presentarles una paleta de colores que creía perfecta, basada en tonos tierra y verdes musgo, la dueña me dijo que le recordaba demasiado a una cadena de farmacias. Fue un golpe duro, porque yo solo veía calidez y naturaleza, pero para ella tenía una asociación completamente distinta y negativa. Me hizo preguntarme hasta qué punto podemos controlar realmente las asociaciones que genera un color, o si es algo que siempre se nos escapa de las manos. Ahora estoy un poco atascado, repensando todo el proyecto desde cero.
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Qué tan fuerte es la asociación de color y cómo evitar que parezca una farmacia?
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Arde un poco cuando una paleta que a uno le suena a bosque y calidez a otros les recuerda una farmacia. El color no dicta la historia por completo y la marca vive primero en la cabeza de quien mira. Entiendo que te sientas bloqueado pero tal vez sea una pista para reubicar el mensaje.
Desde la lectura de color la paleta funciona como promesa emocional y cada tono dispara asociaciones distintas dependiendo de quien mira. Si la dueña asocia con una cadena de farmacias es porque el marco social ya cargaba ese recuerdo. Podría servir dibujar el mapa de sensaciones que quieres que el cliente experimente y dejar que la paleta explique ese mapa.
Quizá no podemos controlar al cien por cien las asociaciones y eso es parte del juego. Un tono tierra con verde musgo suena a natural pero el ojo trae su propio archivo y ya llega con una idea previa. No todo depende de la paleta
Tal vez convenga cambiar la pregunta de donde nace la paleta a que historia quiere contar el café y a quien quiere hablarle luego ajustar la paleta a esa historia
Yo buscaría lecturas sobre branding y luego pasaría días observando la reacción de la gente del barrio antes de decidir. Es interesante ver como problemas de lectura y sesgos de género influyen en si ya confían en una carta o en el trato del personal
Tal vez el problema es que el enfoque se centra en la paleta y se olvida del sabor del café y del calor humano de la atención. ¿No crees que a veces la lectura del color es menos determinante que el gesto diario de servicio?
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