Últimamente me he dado cuenta de que casi toda mi ropa es de colores neutros, sobre todo negro, gris y beige. Mi armario parece una paleta de invierno permanente. A veces veo a otras personas con looks llenos de color y me pregunto si mi estilo se ha vuelto demasiado monótono, o si simplemente he encontrado mi zona de confort. Me gusta la versatilidad de las prendas básicas, pero empiezo a sentir que mi imagen carece de personalidad. No sé si debería intentar incorporar algo de color poco a poco o aceptar que los tonos neutros son mi identidad real.
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Qué tan fácil es darle color a un armario neutro sin perder mi estilo?
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A veces el armario neutro es un refugio: funciona, pero no dice toda tu historia. Los colores pueden entrar sin convertirte en un arcoíris; un toque en una prenda o un accesorio ya trae personalidad sin perder versatilidad.
Si quieres mantener la versatilidad, prueba un plan por capas: un color dominante para una prenda clave y otro en accesorios. Los colores no tienen que gritar; pueden ser sutiles y complementarios, y te dan una imagen más rica sin perder función; incluso puedes pensar en un enfoque cápsula de armario.
A nivel emocional, ver un toque de color en la mañana puede levantar el ánimo y hacerte sentir más presente. No se trata de volverse estridente, solo de añadir matiz.
¿Te parece que esa identidad neutra ya te representa, o sientes que falta algo de chispa?
Más que colores o neutros, piensa en siluetas, texturas y proporciones. A veces un color aparece en una prenda con una textura distinta y eso ya cambia todo.
Prueba una prenda de color suave esta semana y observa cómo cambia tu conjunto y tu sensación al mirarte.
Algunas personas esperan que el color marque género, pero tú decides: elige colores que te hagan sentir auténtico, no que hagan un ruido. Colores pueden ser una conversación silenciosa.
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