Últimamente me ha dado por fijarme en que el autobús de mi línea habitual pasa siempre con retraso, a veces de diez minutos o más, pero el horario oficial en la parada no se actualiza. Me pregunto si esto es algo general o solo pasa en mi ruta, y si alguien más se guía por esos horarios impresos o ya todos confiamos en las apps en tiempo real. La verdad es que esta falta de sincronía me tiene un poco descolocado.
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Qué tan confiables son los horarios de autobús cuando no se actualizan?
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El tema del horario impreso me suena a reliquia: si el autobús llega tarde, el papel ya no refleja la realidad y eso descoloca a cualquiera. No sé si es un fallo puntual o una práctica general de la empresa. En mi barrio sigo comparando el horario con la app y a veces parece que las dos cosas no se ponen de acuerdo. ¿Tú también ves a otros usuarios mirando ambos lados de la calle como si pidieran la verdad del reloj?
Puede que el problema sea más sistémico que individual: obras, cambios de ruta, o simplemente un dato de llegada que tarda en actualizarse. Si el servicio recibe más quejas que cambios, el horario impreso podría mantenerse desfasado. La parte analítica para mí es ver cuántas llegadas se retrasan en promedio y si hay franjas del día donde el desfase es mayor. Quizás el dato real es más útil que cualquier papel.
Yo no tiraría toda la confianza a las apps en tiempo real: a veces el GPS falla, o la cobertura es mala, y el horario no siempre coincide con la llegada real. El horario impreso puede seguir siendo un ancla para quien no tiene datos móviles en todo momento. Aun así, la sensación de que el sistema está descoordinado termina pegando la duda en cualquier plan de salida.
Tal vez el problema no es el atraso de los autobuses, sino cómo medimos la movilidad diaria: ¿qué pasa si dejamos de enfocarnos tanto en el reloj y miramos el sistema como un flujo de recursos? Podría ser más útil observar las franjas de mayor retraso y ver qué aporta cada herramienta, ya sea un horario impreso o una app.
Comparto esa frustración: cuando el horario dice una hora y la realidad se alarga, te sacude la confianza en el día. A veces parece que todo depende de la próxima llegada, y eso cansa.
Me pregunto si alguna vez se nos pasó la idea de que estas herramientas conviven con errores humanos: horarios, rutas, actualizaciones. Tal vez sería útil etiquetar la información con su grado de certeza y dejar que cada persona decida qué le sirve, sin volverlo todo una verdad única. Si las paradas mostraran un rango de retraso y fuentes, quizá la experiencia sería menos abrupta.
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