Hace poco me pasó algo que me dejó pensando. En el trabajo usamos un sistema que sugiere respuestas automáticas a los correos de los clientes, y a veces son tan acertadas que las envío sin apenas modificarlas. La cuestión es que un compañero me preguntó si no era una forma de engaño, porque el cliente cree que se lo escribí yo personalmente. Me puse a pensar en dónde queda mi autenticidad en todo esto, si estoy delegando algo muy mío en una máquina sin que nadie lo sepa.
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Qué tan auténticas son mis respuestas en el trabajo si uso mensajes automáticos?
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Me suena a un dilema que golpea la barriga, la autenticidad no es un sello al final sino lo que la gente siente cuando te lee, aunque la máquina haya escrito gran parte del mensaje.
La IA no roba tu voz, solo filtra y ordena. La persona detrás del teclado decide el objetivo, el tono y la curva de la respuesta. Si se entiende así, la autenticidad no desaparece, solo se reencauza.
Quizá el cliente cree que cada correo lo escribió una persona distinta, cuando en realidad cambia la red de patrones que aprendió la máquina y los hábitos de lectura del equipo.
¿Qué ganamos si aceptamos que una máquina puede escribir por nosotros sin decirlo abiertamente?
Me parece un atajo cómodo que empuja la confianza del lector a un límite incómodo, si no hay transparencia la relación se puede resentir.
La pregunta quizá es sobre agencia, qué límites pones para que el lector sienta que hay alguien al mando aunque sea una máquina.
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