Últimamente me ha dado por pensar en lo poco que recuerdo de lo que estudié en el instituto, más allá de las fórmulas de física o los ríos de España. Sin embargo, hay una profesora de historia que sí dejó huella, porque en lugar de obligarnos a memorizar fechas, nos hacía debatir sobre las decisiones de personajes históricos como si fueran dilemas actuales. Eso me hace preguntarme si el verdadero objetivo de la educación debería ser simplemente acumular datos o, en realidad, algo más parecido a aprender a pensar.
|
Qué tan útiles son enseñar a pensar en vez de memorizar datos en la educación?
|
|
Me llega esa imagen de la clase con debates que tardaban en resolver, no de ríos de España. Si la educación solo fuera acumular datos, me pregunto qué pasa con la forma de pensar que te deja huellas cuando ya no hay fechas que recitar. Pensar, sentir, recordar: todo parece conectado, y la memoria parece medir un mapa menos lineal.
Desde la pedagogía actual, el aprendizaje significativo propone activar marcos mentales a partir de problemas reales, no repetir fechas hasta que duela. Al pensar cómo justifican las decisiones históricas, se ven sesgos y lagunas que el libro no cubre.
Si todo es debate, quizá terminemos viendo la historia como una película sin guion y cada quien inventa su final, lo que parece más cómodo que asumir errores, y eso también es pensar a la carrera.
No me convence esa idea de enseñar a pensar para no exigir memoria; suena a truco para ahorrar esfuerzo y dejar la responsabilidad en el aire.
Puede que el dilema no sea memorizar o pensar, sino preguntar qué herramientas de pensamiento sirven para qué contextos y cuándo.
La conversación roza la pedagogía crítica y deja abierta la etiqueta de aprendizaje por proyectos sin explicarla del todo, como si la idea ya viniera con sus límites.
|
|
« Tema anterior | Tema siguiente »
|

