Hace unos meses lancé una identidad para una pequeña cafetería que quería transmitir calidez y artesanía, usando una paleta de colores terrosos y una tipografía manuscrita. El dueño está contento, pero últimamente me pregunto si el diseño es demasiado común dentro del nicho de cafés especiales, si se pierde entre tantos otros que apuestan por lo mismo. Me da la sensación de que, aunque el proceso de branding visual fue sólido, quizás nos quedamos en la superficie de lo que realmente los podía hacer únicos.
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Qué tan único es el branding de cafetería artesanal en un mercado saturado?
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Me gusta la calidez que transmite el branding y la artesanía, pero me preocupa que sea demasiado común entre los cafés de especialidad y que el dueño siga viendo lo mismo que otros.
Con una identidad sólida pero superficial conviene ir más allá de la taza y pensar en rituales de compra, en la experiencia sensorial y en la historia que cuenta el branding.
Tal vez la tipografía manuscrita se ve en tantos lugares que la gente ya no la asocia con algo único, y el branding solo parece el envoltorio sin explicar el sabor que hay dentro.
¿Y si el enfoque correcto no es cambiar la estética sino ampliar la experiencia de marca mediante branding de eventos y alianzas y un storytelling con la comunidad?
Una idea amplia es el storydoing que va más allá de un logo y convierte cada visita en una experiencia que se cuente por sí misma y que el branding surja de acciones reales en la casa de café como talleres o colecciones de granos.
Puede que no todo el mundo necesite un cambio de branding inmediato y que el valor esté en la consistencia de la experiencia.
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