Estoy analizando los resultados de una encuesta de satisfacción en mi trabajo y me encontré con algo que me hizo ruido. Al calcular el promedio de las respuestas, que van del 1 al 10, el resultado fue 8.7, pero al ver la distribución casi la mitad de los clientes dieron puntuaciones de 6 o menos. Siento que ese promedio solo no está captando bien la historia, como si hubiera dos grupos de opinión muy distintos que se compensan. Me pregunto si en estos casos es más honesto reportar la mediana junto con el promedio para no perder ese detalle.
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Qué significa reportar la mediana junto a la media en una encuesta?
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Interesante: el promedio de 8.7 puede esconder que hay dos grupos de opinión. Si la distribución es bimodal, la mediana podría situarse entre los picos y dar lectura distinta; reportarla junto al promedio ayuda a entender la forma y la dispersión.
O tal vez el 8.7 ya comunica suficiente, pero si la mitad puntuó 6 o menos, la mediana nos diría algo distinto. ¿vale la pena reportarla para no perder ese detalle?
Me suena a dos historias luchando al mismo tiempo: unos esperan un servicio que empieza ya, otros exigen consistencia. La mediana puede servir como ancla, pero no cuenta toda la historia de un vistazo.
Si hay dos mundos, quizá la mediana a 7 y ver la distribución por cuartiles explica mejor la dispersión que fijarse solo en el 8.7.
Otra jugada útil es mirar percentiles y la mediana; cuartiles, deciles, etc., para ver dónde cae el cuerpo central de las respuestas.
Quizá el problema no es la métrica sino la forma de presentar para cada lector; la mediana podría ayudar, pero hay que acompañarla con un relato que no suene a checklist.
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