Llevo unos meses vendiendo ilustraciones personalizadas por encargo, y la demanda ha crecido más de lo que esperaba. Ahora mismo gestiono todo yo sola, desde los pedidos hasta la facturación, y se está volviendo insostenible. Me pregunto si debería formalizar esto como un negocio de suscripción para tener unos ingresos más predecibles y poder planificar, pero no sé si ese modelo encaja con algo tan artesanal y personalizado. La idea de tener clientes recurrentes me atrae, pero temo perder la esencia de lo que hago o que se convierta en algo demasiado rígido.
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Qué puntos considerar antes de convertir mis ilustraciones en una suscripción?
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Me parece que estás viviendo un avance real. La suscripción podría darte ingresos predecibles y ayudarte a planificar, pero cada ilustración tiene su alma y no conviene convertirlo en una cadena de producción.
Podrías probar un modelo híbrido con una suscripción de entregas mensuales limitadas y la posibilidad de encargos puntuales. Así mantienes la demanda estable sin perder la flexibilidad del encargo único.
Me inquieta la idea de atar lo artesanal a una suscripción y el toque personal a veces llega justo cuando el cliente cambia de idea y eso es parte del juego, ¿no?
¿Qué valor aporta la relación continua más allá del dinero? Si la respuesta es la confianza en tiempos de entrega, la suscripción puede funcionar y si buscas sorpresa podría ser peor.
Otra pista. En lugar de vender piezas piensa en una comunidad de suscriptores que apoya el proyecto y recibe beneficios exclusivos. No es exactamente lo mismo que un cliente es una relación.
Haz un piloto corto de dos meses con tres suscriptores VIP y mira la satisfacción, el coste y cuantas piezas nuevas llegan cada mes. Mantén la calidad y evita el agotamiento.
Quizá la idea más valiosa sea la co creacion deja que los suscriptores aporten ideas para futuras ilustraciones sin perder tu estilo así no se siente rígido.
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