Últimamente me ha dado por pensar en la cantidad de tiempo que paso en mi propio barrio sin realmente conocerlo. Vivo aquí desde hace tres años, voy a los mismos dos supermercados y a la misma cafetería, y mi rutina es como un raíl. El otro día, por pura casualidad, entré en una librería de viejo en una calle que siempre paso de largo y me sorprendió lo que encontré. Me pregunto si a más gente le pasa, si tenemos una vida urbana tan encapsulada en nuestros itinerarios fijos que nos perdemos la ciudad que tenemos a dos pasos.
|
Qué puedo hacer para salir de mi rutina y conocer mejor mi barrio?
|
|
A veces el barrio parece un cuadro que no miro hasta que una librería de viejo te empuja a entrar y te recuerda que hay historias que olvidamos durante el trajín diario.
Me da un poco de vértigo pensar cuánto del lugar conozco solo por la ruta establecida; quiero detenerme en la cafetería, oler el pan, mirar a las personas y dejar que el barrio me sorprenda otra vez.
Tal vez estoy leyendo demasiado la premisa: la ciudad no se revela sólo caminando sin mapa, sino que cada detalle cotidiano deja una huella si le das tiempo.
¿Qué gana cuando buscas lo extraordinario en cada esquina, acaso el encanto está en la conversación con el dependiente o en el murmullo del tráfico del barrio?
Puede que la pregunta sea otra: tal vez la ciudad nos habla más fuerte cuando dejamos de hacer listas y movemos la mirada hacia lo escondido.
Barrios y lectores, dos palabras que pueden abrir mundos sin salir de casa: a veces el truco está en mirar con curiosidad, no con la lista.
|
|
« Tema anterior | Tema siguiente »
|

