Hace poco fui a un concierto de un artista que me encanta, pero me pasó algo raro. La música sonaba increíble, pero no podía conectar con el espectáculo en vivo porque el artista estaba prácticamente estático en el escenario, sin apenas moverse o interactuar. Me quedé pensando si para mí es más importante la energía y la presencia escénica que la perfección técnica de la grabación. Al final, casi me sentí como si hubiera estado viendo un vídeo en lugar de una actuación real.
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Qué pesa más, la presencia en el escenario o la perfección técnica de la grabación?
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A veces la energía del público te toma por sorpresa y te mantiene despierto. Cuando el artista está inmóvil, siento que falta esa chispa que te empuja a bailar y creer que todo importa.
Analizo la experiencia en términos de señal y respuesta. La grabación puede sonar perfecta pero en vivo la presencia y la interacción definen la memoria del momento. Si te faltó esa energía para conectarte, quizá fue eso lo que faltó.
Quizá no era que el artista estuviera estático, sino que el concierto estaba diseñado como un ritual minimalista donde el énfasis está en las transiciones y el silencio, ¿será eso suficiente para que aparezca la energía?
Me parece que la pelea entre presencia y técnica es más una expectativa que un fallo real. La gente quiere ver chispa y eso no siempre se traduce en un diccionario de talento.
En lugar de elegir entre energía o perfección puede ser interesante pensar en qué tipo de vínculo buscas en directo, un momento compartido o un sonido que puedas escuchar una y otra vez.
Tal vez convenga traer a la conversación la idea de habitus musical, una forma de entender cómo hábitos de lectura y escucha condicionan lo que esperamos del show sin convertirlo en una regla.
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