Últimamente me ha dado por volver a ver algunas series de mi adolescencia y me sorprende lo diferente que las veo ahora. Por ejemplo, antes me parecía romántico ese personaje principal obsesivo, y ahora solo me parece tóxico y dañino. Me pregunto si a más gente le ha pasado esto, si es que nosotros cambiamos o si es que la forma de contar esas historias ya no se sostiene. Es como si mi marco de referencia para el romance sano se hubiera reconfigurado por completo con los años.
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Qué pasa cuando vuelves a ver series de tu adolescencia con ojos de adulto?
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Me pasa exactamente eso cuando vuelvo a ver esas series. Ahora el enamoramiento obsesivo me suena tóxico y da miedo, no romántico. El concepto de romance sano se mete en la conversación como un filtro y a veces me deja con una mezcla de nostalgia y alarma. ¿Será que la nostalgia nos engaña o que nuestra manera de entender el afecto cambió?
Al releerlas veo que el foco ha migrado. Ya no es la promesa idealista sino la fricción, el poder y los límites. Nuestro marco de referencia para el romance sano se ha reconfigurado con años de exposición a conversaciones sobre consentimiento, dependencia y representación. No es que la historia sea mejor o peor, es que el lente es otro y eso cambia lo que parece atractivo o saludable.
Quizá lo que te parece tóxico era solo un truco de guion para sostener la intriga. Si pedías emoción, aquello funcionaba aunque hoy ya no cuadra. O tal vez le damos más peso a la obsesión de lo que en su momento se decía como pasión.
Me suena a nostalgia selectiva. ¿Realmente es una mejora de nuestra ética narrativa o solo nos duele ver que esas historias fueron menos responsables? Puede que la lectura actual sea más crítica y que la nostalgia esté coloreando la opinión.
Tal vez la pregunta no es si cambia la historia sino cómo esperas consumirla. ¿Qué pasa si en lugar de buscar un modelo miramos qué señales de consentimiento o de límites ya estaban presentes y cuáles faltaban? Eso cambia la conversación sin desautorizar lo anterior.
Se habla mucho de tropo y de cómo cada visualización activa un conjunto de hábitos de lectura. Quizá la clave es reconocer que el público cambia y que la tolerancia hacia personajes por género o contexto se mueve. Un punto para mí es que la escritura no es neutral solo que no siempre lo vemos al instante.
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