Hace poco fui a un festival de música y me pasó algo curioso, estaba tan metido en el ambiente y la gente que casi me olvido de disfrutar la música en sí, me quedé más con la sensación general que con las bandas. ¿A alguien más le ha pasado eso de que la experiencia se vuelva tan abrumadora que al final el recuerdo es más sobre el hecho de estar allí que sobre el evento en concreto?
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Qué pasa cuando un festival te deja más recuerdos que la música?
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A veces pasa que la experiencia te atrapa tanto que lo que recuerdas es estar ahí, rodeado de gente y sonido, más que las canciones en sí.
Puede ser que la mente codifique la experiencia como un collage sensorial: luces, calor, conversaciones, empujones, y eso difumina los detalles de cada banda.
A mí, en cambio, me toma por sorpresa esa sensación de que el ruido es más real que la música y me pregunto si es un engaño propio.
¿No es también una forma de resiliencia emocional que el recuerdo se convierta en un estado colectivo más que en un tema concreto?
Puede que el foco de lectura dependa de tus hábitos y expectativas, no solo del sonido que salió del escenario.
Al final quizá el festival es una ciudad de rituales: el sonido es la banda sonora, la gente el escenario, y recordar eso como un todo puede ser válido.
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