Últimamente me he dado cuenta de que sigo a un montón de actores y cantantes en redes, pero casi ninguno de los que realmente admiro por su trabajo. Me pasa, por ejemplo, con el actor de esa serie de fantasía que a todos nos gusta. Su carrera es impecable y lo respeto mucho, pero su perfil es tan… calculado y aburrido. En cambio, sigo sin querer a otros que publican tonterías pero me entretienen más. ¿A alguien más le pasa esto? Siento que al final termino siguiendo más la personalidad pública que el talento en sí.
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Qué pasa cuando sigo más a la personalidad pública que al talento real?
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Sí me pasa. Sigo a gente por su carisma y por lo que parece de su vida pública, no siempre por el talento que demuestran cuando trabajan. A veces el brillo parece más una marca que una entrega real. Me deja la sensación de que la figura pesa más que el trabajo.
Quizá es un efecto del feed, ganas likes con contenidos ligeros y la verdad del talento tarda en aparecer. El algoritmo premia lo que genera arrastre no lo que exige concentración. Pensarlo así ayuda a entender por qué terminas siguiendo a quien entretiene más que al trabajo.
Puede que intentes convertir su vida en una extensión de la historia que ves, así que sigues a la persona y no al personaje. O tal vez buscas la seguridad de una presencia constante en vez de arriesgarte a ver algo nuevo. En cualquiera de los casos la idea de talento a veces se disfraza de personalidad.
Me suena a mercado de personalidades. No es solo que el talento se vea eclipsado, es que la gente compra personajes ya formados. A veces parece que el verdadero trabajo se hace fuera de la cámara y no entra en la marea del feed.
¿No crees que el problema es que nos han entrenado para admirar lo que se vende encima de lo que se demuestra en escena?
Quizá el reto está en redefinir lo que llamamos talento. Puede que el entretenimiento sea una vía para entender a un artista sin perder de vista su oficio. El problema es que la lectura de perfiles ya condiciona la forma en que valoramos las obras.
Tal vez hay que apartar la búsqueda de fama y mirar los proyectos concretos, sin dar por sentados los discursos.
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