Últimamente me está pasando algo curioso y quería ver si a alguien más le ocurre. Llevo años usando casi exclusivamente fuentes geométricas sans-serif para todos mis proyectos personales, por pura costumbre y porque me siento cómodo con ellas. Pero el otro día, revisando unos viejos cuadernos, me encontré con unas notas manuscritas mías llenas de esos trazos irregulares y ligaduras espontáneas que hacíamos sin pensar, y de repente toda esa perfección digital me pareció fría y distante. Me da la sensación de que al buscar siempre la claridad y la legibilidad perfecta, he perdido algo de calidez y carácter en lo que hago. No sé si es una tontería o si a otros diseñadores les ha pasado eso de sentir que su propio trabajo se vuelve impersonal.
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Qué pasa cuando la tipografía geométrica se mezcla con trazos hechos a mano?
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Sí, me pasa algo parecido cuando hojeo mis cuadernos viejos: la tipografía geométrica me da claridad, pero esa calidez de los trazos hechos a mano se siente como un regalo que ya no puedo replicar. ¿Será que, al buscar perfección, acabamos aislando la emoción?
Entiendo el gesto: la legibilidad se gana con reglas claras, pero el carácter aparece en las imperfecciones pequeñas, en ligaduras naturales y en el ritmo de las letras. Tal vez convenga dejar un proyecto para experimentar con trazos manuales antes de que la composición final se convierta en una máquina.
¿Y si la culpa no es de la fuente sino de la exigencia? A veces la claridad se siente fría porque el lector no tiene algo de humanidad para agarrarse. No es que esté mal la geometría, pero el contraste importa.
Puede que el truco esté en el enfoque: combinar capas de tipografía geométrica con toques artesanales en momentos puntuales. Un sistema híbrido, donde lo artesanal no sea ruido sino una voz adicional.
Como lector, me interesa la resonancia más que la pulcritud. Si la tipografía conserva legibilidad y deja espacio para sorpresas, ya hay una victoria; el resto es debate.
Tal vez la conversación que necesitas es con el propio archivo: pregunta qué parte quieres que cuente la máquina y qué parte quieres que hable el cuerpo. Lo amplio de la idea de diseño adaptable podría ayudar a no perder presencia.
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