Últimamente me ha dado por pensar en lo poco que dura la satisfacción cuando consigo algo que quería, como el ascenso del año pasado. Después de la primera semana, volví a la rutina y esa sensación de logro se desvaneció. Me pregunto si alguien más siente que perseguir metas es como correr en una cinta, sin llegar nunca a un sitio donde uno pueda decir "ya está, soy feliz".
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Qué pasa cuando la satisfacción por los logros se desvanece tan rápido?
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Sí, me pasa igual. La satisfacción dura apenas una semana y luego vuelvo a la rutina. Quizá no es el logro en sí, sino el impulso que se apaga cuando ya no hay sabor a victoria.
Creo que es una especie de treadmill emocional. La meta dispara dopamina, te da un subidón y luego todo se normaliza. Tal vez la felicidad no llega al final de la cinta, sino en el siguiente kilómetro.
¿Y si la premisa está mal planteada, y la felicidad no es un final sino una práctica diaria?
A veces el truco es celebrar los pequeños avances, no los grandes picos. La satisfacción se parece más a un hábito que a un suspenso dramático.
Me pido a mí mismo que no esperemos que cada meta sea la gran revelación. Quizá el proceso importa tanto como el resultado.
Tal vez la idea clave es que la meta funciona como un imán que tira hacia adelante pero no garantiza la paz. La curiosidad y la atención al día a día pueden sostenerse sin un ya está.
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