Últimamente me ha dado por pensar en la obsolescencia programada de una forma muy personal. Mi lavadora, que compré hace justo cinco años, se ha estropeado esta semana y el técnico me dijo que la reparación no valía la pena porque la placa base es casi imposible de conseguir. Es curioso cómo un aparato que funciona perfectamente un día, al siguiente se convierte en un trasto inservible por un componente minúsculo. Me pregunto si alguien más siente esta frustración con los electrodomésticos modernos, donde la durabilidad parece un concepto del pasado.
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Qué pasa cuando la obsolescencia programada deja tu lavadora como trasto?
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Si me pasa exactamente eso, un aparato que funciona perfecto un día y al siguiente parece irreparable. La obsolescencia programada suena a realismo duro y la frustración duele cuando la reparación cuesta más que comprar uno nuevo.
La idea no es solo suerte sino negocio porque hay repuestos que faltan y mano de obra cara. Si reparar no sale rentable, el sistema empuja a reemplazar y ahí cuesta empezar de cero.
A veces me pregunto si la lavadora tiene una vida útil emocional un día funciona sin problemas y al día siguiente ya no sirve. La obsolescencia programada suena a narración dura pero quizá es más una cuestión de costo y de piezas que de conspiración.
No me salgas con la hipótesis de maldad corporativa. A veces es ingeniería que cambia y lo rentable no es mantener lo viejo. Aun así la sensación de desgaste acelerado es real y frustrante.
¿Y si el problema no es una conspiración sino el modelo de negocio y las piezas fueran fáciles de conseguir y las reparaciones asequibles? La pregunta cambia el enfoque y abre otras posibilidades.
Al final la durabilidad se negocia entre valor, precio y hábitos de lectura para unos cada manual es una guía de vida para otros cada década es un límite.
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