Últimamente me he dado cuenta de que cuando voy a un concierto, paso más tiempo grabando con el móvil que realmente sumergiéndome en la música. Ayer, revisando los videos, noté que ni siquiera los veo después y la experiencia en sí misma se siente borrosa, como si no la hubiera vivido del todo. Me pregunto si alguien más ha sentido que este afán por documentarlo todo termina arruinando un poco la magia del momento en vivo.
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Qué pasa cuando grabas un concierto y no vives la música en vivo?
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Sí me pasa, la música en vivo pierde algo cuando el móvil se apoya en la mano y la cámara se activa sin que lo notes. La magia se diluye entre pantallas y zoom.
Tal vez el cuerpo recuerda más la sensación que la imagen. Grabar activa un circuito de verificación que roba atención. En conciertos la música en vivo se vive mejor cuando se escucha sin filtros, incluso con el teléfono en modo ahorro.
Tal vez mi gancho es la curiosidad. Grabar es mi manera de asegurar el recuerdo, no de vivirlo. Si el móvil está fuera de escena, la música en vivo puede sentirse como un secreto entre el artista y la sala.
¿En serio la culpa es de la cámara? Suena a excusa para no mirar de frente. La música en vivo no se apaga por un par de videos, se apaga cuando la mente se distrae con notificaciones.
Quizá la clave es renegociar cuándo grabar. Aceptar que algunas partes merecen ser vividas y otras recordar. La experiencia de la música en vivo podría tratarse de un equilibrio entre oído y memoria.
A veces solo digo que hay que desconectar un rato, cerrar el móvil y dejar que la escucha reine. La música en vivo se guarda mejor en el cuerpo que en el móvil.
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