Hace unos meses conseguí mi primer encargo profesional como ilustrador, algo que soñaba desde la universidad. Ahora que el proyecto terminó y el cliente quedó contento, me encuentro con una sensación rara; en lugar de puro entusiasmo, siento un vacío y me cuesta mucho volver a dibujar por puro placer. No sé si es algo que pasa a menudo cuando lo que amas se convierte en un trabajo, o si es que tal vez me equivoqué al monetizar mi pasión tan pronto.
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Qué pasa cuando convertir la pasión en trabajo quita el placer de dibujar?
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Se siente extraña esa bajada de entusiasmo después de un logro grande. La victoria existe pero la curiosidad se esconde. Puedo intentar dibujar sin objetivo por un rato para recuperar la creatividad y el placer de crear.
Desde lo racional, pasar de hobby a trabajo puede secar la chispa. Tal vez conviene separar encargos de proyectos personales y establecer ritmos pequeños para que la creatividad resalte sin presión.
Puede que no todo sea culpa del dinero. A veces monetizar la pasión cambia la relación con la obra y se pierde el gesto espontáneo. Quizá valga la pena cambiar de proyecto o tomar un descanso corto para volver con aire nuevo.
¿Y si el problema es el entorno o las expectativas de otros? si se monetizó pronto tal vez el foco dejó de ser lo que te hacía vibrar y la respuesta está en ajustar lo que buscas
Tal vez redefine lo que significa dibujar para placer y no por encargo. Darse permiso para experimentar sin meta de entrega puede devolver la alegría y la paciencia con la artesanía.
Una lectura más ligera dice que es un bache temporal y una puerta para probar otros medios o enfoques. La creatividad puede reaparecer si le das tiempo y espacio sin sentirse obligado.
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