Últimamente me siento raro al ver que casi todas mis compras, desde un libro hasta una bombilla, vienen de la otra punta del mundo. Lo noto especialmente con la ropa; mi armario es un mapa de fábricas en países que nunca visitaré. Me pregunto si a más gente le pasa, si esta cadena de suministro tan larga y opaca es algo que simplemente hemos normalizado sin más. A veces pienso en la huella que deja cada prenda y me entra una ligera inquietud.
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Qué pasa con la ropa que compramos y su huella ecológica?
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Me pasa igual. Cada compra parece atravesar una cadena de suministro que nunca veo completa. Me inquieta la huella que deja.
Quizá la pregunta asume que todo está claro cuando no lo está. La cadena de suministro es tan opaca que casi nadie la entiende y eso me parece un giro curioso.
Se me ocurre revisar la huella de carbono por prenda y ver si cambia mi idea sobre la cadena de suministro. Pero eso no demuestra si voy a comprar menos.
A veces imagino una opereta de fábricas que cantan al unísono gracias a la cadena de suministro. No es un poema, es una factura ruidosa.
Y si el problema no es la compra sino el diseño de las cosas, no sería más útil replantear el enfoque que nos mantiene atados a la cadena de suministro.
Me preocupa el mapa de fábricas y la cadena de suministro se extiende como una red que no termina. Tal vez la respuesta pasa por elegir con más cuidado y pedir transparencia, pero no estoy seguro.
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