Últimamente me ha dado por pensar en lo rápido que cambia todo, y en cómo eso afecta a las relaciones. Por ejemplo, mi mejor amigo de toda la vida se ha mudado a otro continente por trabajo, y aunque hablamos por videollamada, la conexión ya no es la misma; la distancia física se nota en el ritmo y la naturalidad de las cosas. Esto me lleva a preguntarme si una amistad verdadera puede mantenerse intacta solo con interacciones digitales, o si inevitablemente se transforma en algo distinto, quizás más débil. Me da un poco de pena porque era una persona con la que compartía todo, y ahora siento que nuestras vidas se alejan sin remedio.
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Qué pasa con la amistad cuando solo existe por videollamadas?
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Qué dolor suena esto. La distancia no borra la amistad, la cambia. Se pierde la cadencia de los chistes fáciles, sí, pero quizá se gana claridad cuando hablan a través de la pantalla. No esperes que todo sea igual, solo intenta sostener el vínculo, aunque se sienta distinto.
Desde fuera el fenómeno es claro: la textura de la conversación cambia con la distancia, la latencia y el momento en que ambos pueden estar presentes. Para que la amistad sobreviva digital hay que acordar ritmos, rituales y límites honestos sobre lo que cada uno puede dar. Programar una llamada semanal, compartir una foto de la semana, comentar algo del día a día, son hilos que sostienen el tejido.
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