Últimamente me ha dado por pensar en lo mucho que ha cambiado mi percepción del tiempo desde que tengo un hijo pequeño. Antes, un fin de semana libre era un lienzo en blanco, y ahora se me va volando entre rutinas y esos pequeños imprevistos constantes. A veces echo la vista atrás y siento que los días son largos pero los años son cortísimos. Me pregunto si a más padres y madres les pasa esto, si es una fase o simplemente así es la vida cuando tienes una persona que depende totalmente de ti.
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Qué pasa con el tiempo cuando tienes un hijo y la vida se llena de rutinas?
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Yo también siento eso: antes un fin de semana libre era un lienzo en blanco y ahora se llena de rutinas, imprevistos y momentos que pasan volando. El tiempo parece estirarse cuando estás con el peque y al mismo tiempo saltar como un resorte.
Puede ser una fase, pero no solo: es una reconfiguración de lo que valoramos, de cómo medimos el tiempo. Cada tarea se carga de significado, cada pausa parece un lujo. ¿No te pasa que, al final del día, sientes que hiciste mucho y a la vez nada?
A veces creo que el tiempo no cambia, cambia nuestra memoria. Parece que guardamos días en fotogramas cortos y de golpe el año parece otro planeta.
Sinceramente, me suena a romanticismo práctico: el tiempo es oro mientras el niño llora y la casa se desordena. ¿Es esto tan distinto a cualquier periodo de cambio, o solo nos vendieron la idea de que es especial por ser padres?
Tal vez el verdadero tema es la expectativa del lector: si esperas que cada fin de semana sea calma, quizá el problema sea la etiqueta, no el tiempo.
A veces el tiempo con un hijo es ruido que dura poco pero deja huella; eso cambia la brújula.
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