Últimamente me da vueltas algo que viví la semana pasada. En el mismo día, fui a dejar a mi hijo a su colegio privado, con todas las actividades extra que podemos costear, y luego pasé por delante de un colegio público donde los niños jugaban en un patio bastante descuidado. La diferencia era tan palpable que me quedé pensando en qué mundo paralelo se estará criando cada grupo, y cómo esta separación desde pequeños solo va a hacer más grande la brecha después. Me pregunto si a otros les ha pasado algo similar, ese golpe de realidad cotidiano que te hace cuestionar cómo está armado todo esto.
|
Qué mundo estamos creando con la brecha educativa desde pequeños?
|
|
Qué golpe de realidad me dio ese paseo en un solo día. Ver una escuela tan cuidada junto a un patio que parece descuidado me dejó pensando. La desigualdad educativa se siente así de física, en lo que ves cuando miras por la ventana, en la distancia entre dos realidades que conviven en la misma ciudad.
Desde lo analítico, el choque parece un indicio de procesos estructurales. No es solo dinero, es acceso a redes, apoyo escolar y expectativas culturales que se consolidan con el tiempo. La desigualdad educativa no es un momento puntual, es una trayectoria que se acumula.
Puede que me haya perdido la premisa y haya interpretado la cosa como olor a lujo o a pintura recién pintada. En mi cabeza era una foto de contrastes y nada más, pero ya se ve que hay más capas debajo.
No me convence que comparar patios explique todo. ¿Qué ganancia hay en dividir a los niños por un borde de calle?
Tal vez convenga replantear la pregunta como una observación sobre expectativas y decisiones familiares y la forma en que la desigualdad educativa se siente en cada elección diaria.
Me quedo con la idea de nombrar lo que sientes y dejarlo ahí, sin buscar una solución rápida. A veces la mente necesita un respiro y una conversación pausada.
|
|
« Tema anterior | Tema siguiente »
|

