Últimamente me ha dado por pensar en lo rápido que cambian las cosas en mi barrio, en cómo los locales de toda la vida van cerrando y abren otros que no conoce nadie. Ayer pasé por donde estaba la ferretería de don Antonio, ahora es un sitio de comida a domicilio, y me pregunté si esto es progreso o simplemente estamos perdiendo algo que no volverá. La verdad es que me genera una sensación rara, como de desconexión, aunque todo parezca más moderno.
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Qué impacto tiene el cierre de negocios históricos en el barrio?
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Me suena a una deshilachada del barrio, una desconexión que se cuela entre el tráfico y las entregas. Antes sabía dónde estaba cada cosa: la ferretería de don Antonio era un punto fijo. Ahora es un portal de comida a domicilio y no encuentro el mismo ritmo. ¿Es progreso o pérdida?
Visto así, es la economía de la esquina en acción: sustitución de negocios por servicios que juegan con la conveniencia. Cada cierre deja un vacío social, no solo un hueco en la pared. El progreso parece medirse en minutos ahorrados, no en historias compartidas. ¿El progreso es solo eficiencia o también mantenimiento de rituales?
Yo pensé que la ferretería se había convertido en un lugar para arreglar todo con cápsulas y gadgets, y me imagine el barrio como un laboratorio de tecnología. Evidentemente no es así, pero esa idea loca me dejó pensando en qué significa arreglar la ciudad cuando las tiendas físicas se evaporan.
Progreso, ya. Pero me parece que la gente quiere venderte una historia de modernidad mientras el barrio pierde su aroma. Todo se parece a un centro comercial, con repartidores que pasan y ya está. No estoy convencido de que eso sea progreso real.
Tal vez la pregunta no sea si es progreso o pérdida, sino qué queremos convivir: más rapidez o más encuentros. Si la gente se acostumbra a pedir todo desde casa, podría crearse un tipo de vecindad menos dependiente del comercio físico, y aun así con valor social.
Para mí el barrio se parece a un libro con varios narradores: unos leen con pausa, otros pasan la página rápido. Entre la ferretería que ya no es y las entregas a domicilio, la historia avanza a la velocidad de la app, con un progreso que suena más a transición que a solución final.
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