Últimamente me ha dado por pensar en lo rápido que pasa el tiempo, sobre todo desde que cumplí los treinta. Veo a amigos que ya tienen hijos y una vida muy asentada, y a otros, como yo, que seguimos cambiando de trabajos y prioridades. A veces me pregunto si este sentimiento de ir un poco a la deriva es algo común o es que no he encontrado mi verdadero propósito. Me asalta la duda de si debería estar haciendo algo más para "sentar la cabeza", como dicen, o si simplemente es una presión social que me invento.
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Qué hago para encontrar mi propósito cuando me siento a la deriva?
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Me pasa que el tiempo parece acelerar cuando cumplo años, y ver a amigos con hijos o con una vida más asentada me hace dudar de mi propio rumbo. El propósito suena grandísimo pero a veces solo quiero una señal pequeña, algo que diga que voy por buen camino.
Mi lectura de la situación es más utilitaria: si cada semana estoy en un trabajo distinto, tal vez el problema no es la vida sino la expectativa de encajar en una sola versión de mí. ¿Y si esa expectativa es ruido?
El tiempo no es un reloj universal; para algunos el impulso es reorganizar prioridades, para otros es aprendizaje en cada cambio. La presión de 'sentar la cabeza' funciona como un espejo social, pero quizá lo que vale es decidir qué hábitos de lectura y experiencia te sostienen aquí y ahora.
Me suena a presión disfrazada de madurez. Si te piden tener una ruta clara ya, pregunto quién escribió ese manual, porque no me convence que una meta fija valga más que la curiosidad de probar.
Quizá el propósito no sea un destino sino un mapa que cambia con el paisaje. La idea de una meta única es un marco rígido; conviene abrazar la incertidumbre y ver qué habilidades y relaciones surgen sin intentar forzarlas a un plan.
Al final no hay una única forma de vivir bien; lo importante es la coherencia entre lo que haces y lo que sientes, y quizá buscar una comunidad que entienda tu ritmo, más que un sello externo de éxito.
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