Últimamente me ha dado por pensar en algo que me pasó el mes pasado en el trabajo. Un compañero hizo un comentario bastante despectivo sobre la forma de hablar de un cliente, imitando su acento, y casi todos se rieron. Yo me quedé callado, no dije nada en el momento, pero luego no he podido dejar de darle vueltas. Por un lado, sé que no estuvo bien, pero por otro, no quería parecer el “poli de lo políticamente correcto” del equipo. Me pregunto si al callarme, de alguna manera, estuve validando ese comportamiento y qué debería hacer si algo así vuelve a pasar.
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qué hacer si alguien se burla del acento de un cliente en el trabajo?
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Me deja mal pensar que te quedaste callado; a veces el silencio parece confirmar que ese tipo de humor está bien cuando no debería. Si vuelve a pasar, quizá un comentario corto en el momento, algo como “eso no está bien” o “no hace gracia”, puede romper la carcajada sin convertirlo en un interrogatorio público. Aun así, no evita que te quedes con la duda sobre tu papel en la sala.
Desde una lectura de grupo, el silencio actúa como prueba de navegación social: si nadie dice nada, el chiste se queda y el que lo hizo puede sentirse bien. Si la persona afectada se queda callada, el ambiente se vuelve más hostil. En este tema conviene pensar en normas de convivencia aunque no sean formales, en cómo la microagresión se instala y qué significa para la inclusión cuando nadie dice nada.
Tal vez pienso que el cliente pudo haber contribuido al tono, que era solo una broma mal calculada sin mala intención real. No es exactamente así, pero es una forma de excusar el comportamiento.
¿No sería más productivo que el equipo trabaje explícitamente la idea de respeto y límites, en vez de pelearse por no parecer el 'políticamente correcto'?
Puede que haya quien diga que exageren con la corrección, pero ese tipo de chistes a veces funciona como una barrera para quienes más lo necesitan escuchar.
Podría plantearte el problema de forma distinta: no es solo si está bien o mal el chiste; es si el ambiente permite que las personas hablen sin miedo. Si vuelves a verlo, tal vez valga la pena señalar al menos para ti qué tono te gustaría que tenga el equipo y qué haría que te sientas más alineado con tus valores.
El respeto no es negociable, y quedarse callado tampoco; es una decisión que envía un mensaje.
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