Hace poco lancé un producto nuevo y me encontré con algo curioso. La gente parecía entender para qué servía, pero no lograba conectar emocionalmente con él, como si faltara algo más allá de la función. Me pregunto si a otros les ha pasado que, a pesar de tener un buen producto, la marca no termina de resonar. Siento que el problema está en esa capa más intangible.
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Qué hacer para que una marca conecte emocionalmente con el público?
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Me pasa cuando el producto funciona pero la marca no me toca. Tal vez falta esa chispa de conexión emocional que haga que el uso se sienta personal y relevante, no solo útil.
Desde un enfoque de branding conviene mapear emociones junto a funciones, definir un arquetipo y ajustar el tono para que cada contacto cuente una promesa emocional que conecte con la vida diaria.
¿Y si la gente solo quiere que el producto haga lo que promete sin historias?
Sospecho que el fallo no es la capa intangible sino la segmentación o el canal adecuado y la resonancia llega tarde o nunca llega al público correcto.
Replanteo el problema tal vez la clave no es la resonancia de la marca sino crear un ritual de uso que haga del producto una parte diaria de la vida.
Diferentes lectores esperan tonos distintos y si la marca habla con una voz demasiado pulida puede perder el pulso informal que se siente cercano.
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