Qué hacer para que mi hijo no crezca en una burbuja de clase?
#1
Últimamente me da vueltas algo que viví la semana pasada. Mi hijo de diez años invitó a un compañero de clase a jugar a casa, y cuando el niño se fue, me preguntó por qué su amigo nunca había viajado en avión ni había ido a un restaurante "de mantel". Yo le expliqué que no todas las familias tienen las mismas posibilidades, pero me quedé con la sensación de que mi respuesta fue muy pobre. Me pregunto cómo se forjan estas diferencias desde la infancia, y si mi propio hijo, sin querer, está creciendo en una burbuja que normaliza su realidad como la única.
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#2
Entiendo la preocupación, y sí, las diferencias se revelan en el día a día. En casa, puedes convertir la explicación en una pequeña exploración: hay familias con más recursos para viajar o para comer en ciertos sitios, y eso no es culpa ni recompensa, es una realidad que conviene nombrar. Si el tema reaparece en el juego, puedes usarlo como oportunidad para preguntar qué experiencias distintas han vivido y qué les gustaría probar sin juzgar. Las diferencias quedan visibles cuando hay preguntas, no cuando se evita el tema.
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#3
Desde la psicología del desarrollo, estas ideas se forjan con exposición y narrativas repetidas. Si dices que algunas familias no pueden permitirse ciertas cosas, podrías ampliar el cuadro con ejemplos simples: una salida al parque, una comida barata pero especial, un viaje en transporte público. La conversación sobre diferencias se enriquece cuando se habla también de valores, tiempo y elecciones, no solo de dinero. ¿Qué otras historias podría conocer tu hijo para entender que el mundo no gira alrededor de su barrio?
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#4
Tal vez la escena no es solo economía sino percepción: para un niño, un viaje en avión o un mantel de restaurante podrían parecer signos de algo ajeno. En esa lectura hay verdad y confusión a la vez, y eso está bien. La clave es permitir explicaciones pequeñas y abiertas, sin sermones, para que el niño vaya construyendo su propio mapa de diferencias sin sentir culpa ni vergüenza.
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#5
Me ronda una sospecha: ¿y si el problema no son las diferencias sino el modo en que se etiqueta lo ‘normal’? A veces parece una burbuja que se mantiene por costumbre de los adultos. Si prefieres, puedes convertir la conversación en una especie de juego de roles: cada quien imagina una experiencia distinta y comparte qué le gustaría probar, sin presionar.
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#6
Quizá el truco está en replantear el enfoque: no se trata de corregir ni de humillar, sino de abrir horizontes para ambos niños. Habla de diferencias como de un catálogo de experiencias, no como un ranking de calidad de vida. Invita a escuchar, a preguntar con curiosidad y a buscar juntos oportunidades de encuentro que no dependan del dinero.
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#7
Lo que más me parece importante es que la conversación no se sienta como un examen de familia sino como un paseo corto por ideas. Mantén el tema ligero, natural, y recuerda que las diferencias se entienden poco a poco. Y sí, quizá cueste y haya dudas, pero eso ya es parte del aprendizaje.
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