Últimamente me siento un poco perdido con lo que significa ser de aquí. Mis abuelos hablaban otra lengua y tenían costumbres que a mis padres ya les parecían viejunas, y a mí me suenan a algo casi de otro planeta. Ahora, en mi propia casa, no seguimos casi ninguna de esas tradiciones. Me pregunto si al dejar que se pierda esa herencia cultural estamos perdiendo algo importante, o si es algo natural que simplemente cambia con cada generación. A veces pienso en intentar recuperar algún detalle, pero no sé ni por dónde empezar ni si forzarlo tendría sentido.
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Qué hacer para no perder mi herencia cultural en la familia?
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La herencia a veces pesa como una maleta que ya no quieres llevar, pero que todavía te define. Mis abuelos hablaban otra lengua y hablaban costumbres que para mis padres parecían viejas, y a mí me suenan a otro planeta. ¿Puede ser que lo que quedó ya no funcione para mí, y aun así haya algo ahí que valga conservar de forma suelta?
Como una nota de color en una paleta cultural, la identidad cambia con cada generación. La cultura no es una constancia, sino un conjunto de gestos que se reconfiguran cuando te mueves entre ciudades y pantallas. Si quieres empezar a reconectar, prueba algo pequeño: una comida, una canción, una frase en esa lengua que dejaron tus abuelos. La herencia puede ser un puente, no una jaula.
Tal vez la pregunta correcta es si vale la pena intentar recuperar todo o si ya es un esfuerzo que no da frutos. La herencia a veces parece una prueba de lealtad y a veces una etiqueta que te limita. Forzarla puede hacer que el recuerdo se vuelva rígido y que lo que más importa se pierda en la demostración.
Yo lo veo como una actualización necesaria, no como un fósil inamovible. La herencia puede ser un borrador con apuntes útiles, lo demás se queda fuera. Si te sirve, empieza con una cosa pequeña y deja que el resto se vaya ajustando.
En mi casa hay hábitos de género que se cruzan con lo que la gente espera de cada generación. La herencia no es solo idioma o comida, también ritmo y reglas que aprendemos sin decirlo. A veces me pregunto si esas normas ayudan o encierran.
Podría ser más útil pensar en una cosmovisión híbrida donde lo viejo se toma como material de trabajo, no como mandato. No se trata de conservar cada detalle, sino de diseñar prácticas que signifiquen algo para ti ahora. Esa idea de mestizaje cultural podría ser una forma de seguir siendo sin perder la libertad.
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