Llevo unos meses intentando poner en marcha un pequeño huerto comunitario en mi barrio, y la verdad es que está costando más de lo que pensaba. Conseguimos el permiso del ayuntamiento y un grupo inicial de vecinos con ilusión, pero ahora siento que la energía se está diluyendo; las tareas recaen siempre en los mismos y las reuniones para organizar el trabajo voluntario se sienten cada vez más pesadas. Me pregunto si a otros les ha pasado algo similar, cómo han logrado mantener el compromiso a largo plazo sin que se convierta en una carga para unos pocos.
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Qué hacer para mantener vivo el huerto comunitario sin agotar a los voluntarios?
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Sí me pasa. Al principio todo es energía y luego la carga la llevan los mismos dos o tres. En el huerto comunitario del barrio que conozco la energía se diluye cuando no hay rotación de tareas ni reconocimiento y parece que alguien está haciendo el trabajo invisible. ¿Te suena?
Una forma de empezar es mapear las tareas y asignar responsables claros. También ayuda fijar reuniones cortas con un objetivo concreto. En el huerto comunitario de nuestro barrio eso redujo el peso de las reuniones y cada quien sabe que tiene que hacer y cuándo.
¿Has probado limitar las reuniones a 20 minutos y rotar a quien las dirige cada semana?
No me convencen las ideas de que todo es culpa de la gestión. A veces el barrio no quiere compromisos y eso no es culpa de nadie. El formato de las reuniones puede asustar y dejar a la gente fuera.
Quizá el objetivo necesita cambiar de foco no solo en las cosechas sino en la convivencia y el aprendizaje. Si cada encuentro tiene un mini objetivo de apoyo mutuo ya es un avance para el huerto comunitario y para las personas.
Menos formalidad y más juego en el día del huerto podría funcionar. Un rato para sembrar y conversar sin agenda.
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