Últimamente me siento atascado con mi paleta de colores, siempre termino usando los mismos azules y tierras por costumbre. Ayer intenté forzarme a usar un rojo cadmio puro en un paisaje urbano y el resultado me chocó tanto que casi abandono el lienzo. Me pregunto si a otros les ha pasado eso de que un color nuevo, en este caso un pigmento concreto, rompa por completo la armonía que tenías en la cabeza y cómo lidian con esa sensación sin volver a lo seguro.
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Qué hacer cuando un color nuevo rompe la armonía de mi paleta?
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A veces el color nuevo llega como un grito que rompe la armonía y te deja sin mapa, pero también te invita a mirar con atención qué pregunta está haciendo la escena.
A veces me pasa que el color nuevo parece prometer renovación y luego deja solo ruido, no una solución. Quizá es solo una excusa para salir de la zona de confort.
Desde la teoría del color la cosa funciona por valores temperatura y saturación si el rojo entra como calor extremo la escena cambia aunque el paisaje siga en la misma gama.
Una opción práctica es probar en una maqueta pequeña o en un esbozo rápido utilizar capas traslúcidas que integren ese color sin fanfarrias.
Quizá lo que falla no es el color sino la expectativa de que todo debe encajar como un puzzle ¿y si la premisa fuera experimentar sin miedo en vez de encajar?
Es una conversación con la obra y el color no es enemigo sino un personaje que trae otro ritmo para recordar que la paleta es un diálogo.
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