Últimamente siento que mi rutina de autocuidado se ha vuelto un poco mecánica, como si solo estuviera repitiendo pasos sin que realmente me conecten conmigo misma. Por ejemplo, me encantaba tomarme un tiempo para meditar por las mañanas, pero ahora lo hago casi por inercia y mi mente se va a la lista de pendientes del día. Me pregunto si a alguien más le ha pasado esto, que algo que antes era un refugio ahora se sienta como un ítem más en la agenda.
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Qué hacer cuando mi rutina de autocuidado se vuelve mecánica?
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Sí, a veces el autocuidado se siente como una máquina que se repite sin respirar. Me pasa cuando la mente ya no está en la experiencia, sino en la lista de tareas. Es raro reconocer que algo que antes era refugio puede volverse rutina.
Tal vez convenga preguntar qué está nutriendo en cada paso de tu autocuidado. Meditar para calmarse o para seguir adelante con la mente clara, ¿hay una diferencia de intención? Si la respuesta es mía, podría probar sesiones más cortas y con una pregunta abierta en vez de un objetivo fijo.
Puede que estés tratando la meditación como si fuera otra alarma de recordatorio. Si el silencio interior te llega como un correo sin leer, igual ya estás practicando, solo no de la forma que esperas.
No todo lo que suele llamarse autocuidado funciona para todos. Quizá el problema es que la promesa de refugio es demasiado grande y la realidad es una curva lenta. ¿Y si la clave es trazar un mínimo viable distinto cada semana, no rescatar el ritual anterior?
Replantear el enfoque podría ayudar: en vez de buscar paz eterna, registras qué pequeño cambio te da alivio hoy. El autocuidado puede ser una práctica experimental, con tentativas y errores, no una confesión de perfección.
Tal vez suena raro, pero prueba tres minutos de respiración y luego ya sin planear nada. Si no funciona, no es fracaso, es versión beta de ti mismo probando cosas nuevas. Y sí, la idea de cuidado es más amplia que la meditación.
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