Hace unos meses, junto con unos vecinos, empezamos a organizar un huerto comunitario en un solar abandonado. La verdad es que al principio hubo mucho entusiasmo y varios fines de semana trabajando juntos, pero últimamente la participación ha caído mucho y solo vamos cuatro o cinco personas de forma regular. Me pregunto si a otros les ha pasado algo similar con sus proyectos, esa fase en la que el impulso inicial se desvanece y no sabes muy bien cómo seguir adelante sin quemarte tú solo.
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Qué hacer cuando la participación en un huerto comunitario se desvanece?
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Sí, a muchas comunidades les pasa: el impulso del inicio te atrapa, pero cuando se baja la velocidad el huerto queda a medias. Es normal sentirse como si se estuviera haciendo un esfuerzo en solitario; el proyecto necesita un ritmo sostenible, no un arranque de fin de semana.
Una forma de mirar el huerto es verlo como un sistema: tareas, roles, tiempo y voluntarios. Podemos hacer una reunión corta para fijar 3 roles (coordinación, mantenimiento, captación de voluntarios) y un calendario de seis semanas; mejor si hay rotación para que nadie se queme.
Prueba microacciones: 15 minutos de trabajo, una foto del progreso para motivar y un mensaje corto para invitar a alguien más. A veces la gente quiere ver resultados ya, y los gestos pequeños marcan la diferencia en el huerto.
¿Y si el problema no es la gente sino el enfoque? tal vez convenga replantear el objetivo del huerto comunitario o la forma de medir el progreso. No se trata solo de cosechar, sino de aprender a convivir con ritmos diferentes.
A veces da la impresión de que todo depende de una persona; abrir un canal de feedback es útil, pero sin convertirlo en una obligación pesada. Cada quien aporta a su manera, y eso ya es un progreso para el huerto.
Este tipo de proyectos funciona mejor si lo ves como un experimento social y de aprendizaje, con expectativas flexibles y diversidad de hábitos de lectura. El huerto se beneficia de esa mezcla.
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