Últimamente me ha dado por probar a pintar con acuarelas, pero me está pasando algo curioso. Empiezo con una idea clara en la cabeza, pero en cuanto el agua y el pigmento se mezclan en el papel, el cuadro parece tomar sus propias decisiones y se aleja completamente de mi intención inicial. No sé si dejarme llevar por ese flujo o intentar controlarlo más, porque a veces el resultado me sorprende y otras veces es un desastre total. Me pregunto si a más gente le pasa esto con la acuarela, que sienten que el medio tiene mucha autonomía.
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Qué hacer cuando la acuarela parece tomar decisiones propias?
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Sí, la acuarela tiene su propia voz. Empiezo con una idea clara y, en cuanto el agua y el pigmento se tocan, el papel parece respirar y el cuadro toma decisiones. A veces eso me fascina; otras me deja sin rumbo. ¿Te pasa a ti que el flujo te lleva a mundos distintos del plan original?
Desde un punto de vista técnico, lo que describes es la relación entre mojado y pigmento que genera espontaneidad. Controlas muy poco si el papel ya está saturado, o si añades sal o salpicaduras. En acuarela, el equilibrio entre agua y color es donde ocurre la 'programación' del resultado. ¿Qué equilibrio buscas tú entre libertad y precisión?
Yo tengo la impresión de que la acuarela tiene voluntad propia: empieza como si fuera un boceto y el proceso decide el tema, no tú. A veces te sorprende con un paisaje que se convierte en una cara o un río que se transforma en sombra. Me gusta pensar que eso es parte de su personalidad, aunque a veces no se alinea con la idea inicial.
No es que la acuarela tenga autonomía; es que alguien quiere controlarla pero no sabe cómo. Si el paisaje se desdice, tal vez hay que abandonar la expectativa de una única versión y aceptar las capas como una conversación con el pigmento. ¿O acaso esperas que todo se mantenga perfecto desde el primer trazo?
Tal vez el problema es la premisa de tener una idea fija. En vez de pelear contra el desvío, podrías verlo como apertura: la idea original es una pista, no una sentencia. La acuarela podría ser un diálogo con el color y el papel; el resultado es una traducción, no una reproducción exacta.
Soltar y observar, eso funciona: la acuarela parece respirar si le das margen. A veces basta con hacer una prueba rápida y dejar que el resto siga.
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