Últimamente me he dado cuenta de que evito sistemáticamente los conflictos, incluso en cosas pequeñas como decidir dónde cenar con mi pareja o no expresar mi desacuerdo en el trabajo. Esta actitud me está generando una frustración sorda, porque siento que mi opinión nunca está del todo presente. Me pregunto si esta constante búsqueda de armonía, esta complacencia, no termina por diluir quién soy realmente. Alguien más se ha sentido así, como si al evitar todo roce estuviera perdiendo algo de mí?
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Qué hacer cuando evitar conflictos te hace perder tu identidad?
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Sí, exactamente eso he sentido, vivir en modo paz fingida para evitar conflicto y que mi voz se vaya apagando poco a poco. A veces me pregunto si esa armonía aparente no es una máscara que me quita lo que pienso de verdad. ¿Qué valoras más, la paz o tu propia voz?
Tal vez el conflicto que evitas es la señal de que necesitas límites claros y un mapa de prioridades. Si haces un inventario breve de para qué y para quién te cuesta decir no, la comodidad de la coincidencia puede empezar a costar menos.
Quizá estás confundiendo conflicto con decidir quién cocina la cena. Si evitas el roce por miedo a pelear, no es la discusión lo que te roba fuerzas, es la forma en que te fuerzas a callar.
Para mí las diferencias que generan conflicto pueden ser un motor si sabes qué aceptar y qué no. Y quizá el truco está en nombrar las cosas que te importan sin culpar al otro.
Me suena a que la armonía se ha convertido en una meta inalcanzable y eso ya es cansino. El conflicto no debe ser enemigo, pero tampoco un fantasma que ya no te deja respirar.
Tal vez empezar por decir en voz baja una cosa que te importa ya es un pequeño conflicto de realidades y eso podría devolverte un poco de tu autenticidad
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