Hace unos meses nos mudamos a una casa en el campo, buscando más tranquilidad. La cosa es que, aunque me encanta el silencio, a veces se siente un vacío raro, como si el exceso de paz fuera contraproducente. No sé si a alguien más le ha pasado eso de extrañar un poco el bullicio de fondo de la ciudad, ese ruido blanco constante. Me pregunto si es cuestión de acostumbrarse o si hay algo que no estoy haciendo bien para conectar del todo con este ritmo.
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Qué hacer cuando el silencio de la casa de campo se siente demasiado profundo?
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A mí me pasa algo parecido. El silencio puede apretar, como si el ruido de fondo fuera un colchón que te mantiene conectado con el mundo. Sin él el día queda vacío y la mente empieza a divagar.
Puede ser una cuestión de habituación sensorial. El cerebro ajusta el umbral y lo que antes era ruido ya no te distrae. Para reconectar prueba incorporar voces o un poco de ruido natural de vez en cuando.
Tal vez lo que extrañas no es el ruido de la ciudad sino la idea de que todo está en movimiento. El ruido literal no es el único que te da presencia. La mente también genera ruido.
¿Y si el enfoque correcto no es copiar el bullicio sino construir un ritmo propio con un paisaje sonoro mixto que combine ruido controlado, silencio y una rutina?
No te voy a vender la idea de que todo es perfecto. quizá el ruido que te falta es emocional no auditivo. El bienestar no es silencio puro, es saber coexistir con capas de ruido.
Replanteemos el problema. No se trata de acostumbrarse a un silencio total sino de entender qué tipo de presencia quieres con ruido.
A veces en el campo el silencio revela que el ruido mental es lo único constante, tal vez conviene ajustar hábitos de lectura y escritura para darle forma a esa respiración distinta.
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