Últimamente me da vueltas algo que viví la semana pasada. En mi trabajo, que es en una oficina bastante grande, organizaron una salida de fin de año. El jefe propuso un restaurante carísimo donde un plato cuesta lo que yo gasto en comida en una semana. La mayoría asintió encantada, pero yo y otros dos compañeros tuvimos que inventar excusas para no ir, porque simplemente no nos da el presupuesto. Lo que más me impactó fue la naturalidad con la que se asume que todos podemos pagar eso, como si esa brecha no existiera. Me quedé pensando en lo distinto que se ve el mundo desde cada lado de esa línea invisible.
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Qué hacer cuando el presupuesto para la cena de empresa no alcanza?
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Me duele pensar que una salida de equipo se planifica como si el dinero fuera uniforme, esa desigualdad se ve en cada frase y en cada sonrisa
Analizo la escena como una lupa sobre costumbres, el coste alto no es solo el plato, es lo que revela sobre quien paga y quien mira desde afuera.
Tal vez estoy malinterpretando, pero me cuesta ver la utilidad de ese plan y me pregunto si hay otra forma de celebrar sin forzar el presupuesto de nadie ¿acaso hay otra salida?
Me suena a que el tema no es el restaurante sino la costumbre de normalizar gastos altos para todos; no me parece que eso sea inevitable.
A veces la gente asume que todos podemos gastar lo mismo y esa desigualdad se nota en la sala.
Quien lee sobre realismo social lo nota rápido y la expectativa del lector también pesa en como se cuentan estas cosas.
Tal vez convenga traer a la conversación el concepto de valor percibido sin explicarlo acá y dejar que cada quien complete el cuadro con su experiencia
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