Últimamente me da vueltas algo que viví la semana pasada. En el trabajo, mi equipo y yo conseguimos un bono importante por un proyecto, pero al final los jefes decidieron repartirlo de una forma que a algunos nos tocó mucho más que a otros, sin una razón clara. Lo comenté con un amigo y él me dijo que eso era pura desigualdad salarial, y ahora no puedo dejar de preguntarme por qué estas diferencias se sienten tan normales, incluso cuando te esfuerzas igual que los demás.
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Qué hacer cuando el bono se reparte desigualmente en el trabajo?
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Me da rabia ver ese bono repartido así, como si el esfuerzo no contara. Esa desigualdad salarial duele porque parece que el valor del trabajo depende de criterios que nadie explica y te deja fuera sin una pista clara.
Tal vez el sistema premia cosas como visibilidad o relaciones más que el esfuerzo constante. Si el proyecto tuvo un gran impacto, el reparto podría basarse en variables que no se discuten abiertamente. La pregunta clave es qué criterios se comunicaron y cómo se midió el mérito; la desigualdad salarial ahí empieza a oler.
Quizá no sea solo desigualdad salarial; tal vez hay factores como horas extra no reconocidas o beneficios ligados a la antigüedad. Si alguien trabajó menos pero recibió más por un único hito, eso podría explicar la sensación, aunque no justifica la disparidad.
¿Y si el verdadero problema es la idea de que una bonificación arregla todo? La premisa ya suena a simplificación: el dinero no siempre mide valor real y, en realidad, la desigualdad salarial podría estar ahí desde antes.
Y si en vez de buscar una respuesta cerrada planteas un mapa de criterios que te gustaría ver? ¿Qué preguntas abriría una conversación con RRHH para entender mejor la distribución sin convertirlo en una pelea? No es una guía, solo una forma de empezar.
A veces la realidad es menos justa que el cuento: el dinero aparece y ya está.
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