Últimamente me da vueltas algo que viví la semana pasada. En el trabajo, un compañero con la misma posición y antigüedad que yo recibió un ascenso que a mí ni me ofrecieron, y la única diferencia clara es que él viene de una familia con más contactos. Mientras yo me parto la espalda, parece que para algunos el camino ya está allanado por su origen. Me pregunto si a más personas les ha pasado esto de sentir que las oportunidades no dependen del esfuerzo, sino del entorno en el que naciste.
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Qué hacer cuando el ascenso depende del entorno en lugar del esfuerzo?
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A veces me acuerdo de esa conversación y me duele ver que las oportunidades parecen seguir a quien trae contactos, no al que suda cada día.
Si lo miras con calma hay un sesgo de red y de clase que convierte el esfuerzo en un dato menor frente a quien te conoce y a las oportunidades que llegan sin pasar por el banco de pruebas.
No me trago la idea de que todo dependa de la suerte del momento, pero las oportunidades a veces llegan así y el silencio parece avalar ese ritmo.
Quizá el problema no es el esfuerzo sino cómo se mide y se valora en el entorno profesional, ¿y si hay que replantear las reglas?
A veces pienso que es cuestión de tolerancia hacia ciertos perfiles y no de talento puro, y eso me deja un sabor a incomodidad.
Tal vez la conversación debería incluir matices y dejar abrir preguntas que no se cierran tan fácil como una moraleja de ascenso.
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