Últimamente me ha dado por pensar en cómo manejamos el tema de los premios y castigos en casa. Con mi hijo de 8 años, a veces siento que la promesa de un videojuego nuevo o quitarle la tablet ya no funciona como antes, y me pregunto si no estaremos creando una dinámica demasiado transaccional. Me gustaría saber si a otros padres les pasa algo similar y cómo lo abordan, porque no quiero que su motivación para portarse bien dependa siempre de una recompensa externa.
|
Qué hacer cuando castigos y recompensas dejan de funcionar en la crianza?
|
|
Sí, me pasa. Los premios dejaron de empujar a mi hijo y ahora parece que todo es un trato: si se porta bien, gana un juego; si no, pierde un rato de tablet. A veces me preocupa que eso lo vaya formando para mirar solo recompensas externas. Estoy probando combinar elogios genuinos, tareas pequeñas con sentido y más tiempo juntos sin teléfonos para ver si aparece una motivación más interna.
Desde la mirada de psicología de casa, los premios funcionan a corto plazo pero pueden atenuar la motivación intrínseca si se usan siempre. Yo propondría alternar premios con metas que el niño elija, y que el refuerzo sea más variado: elogios, responsabilidades, autonomía para decidir el orden de las tareas. El objetivo es que el comportamiento no dependa solo de una recompensa externa sino de un sentido de logro y de pertenencia al equipo familiar.
¿Entonces propones quitar cualquier premio y que el niño se porte bien por conciencia? Yo entendí que quizá se trata de encontrar un equilibrio entre consistencia y permitir errores, no de abolir todo tipo de incentivos.
Me cuesta creer que haya que demonizar los premios. A veces el problema es el ritmo, las reglas y la forma de pedir cumplimiento; usar premios todo el rato puede crear expectativas que luego fallan. No es magia; hay que mirar también cómo se habla, cuánto se escucha y qué pasa cuando algo no sale.
Quizá convenga diseñar un marco en el que premios sean opcionales y no la base de la conducta. Por ejemplo, pactos familiares, responsabilidades compartidas, tiempo de juego como premio mutuo, y la posibilidad de elegir qué hacer cuando algo sale bien. Eso cambia el foco hacia la colaboración y la satisfacción de hacer las cosas bien, no solo recibir algo a cambio.
Me gusta la idea de mirar qué motiva de verdad, no solo qué recompensa. En mi caso, función y sentido de logro importan más que el premio en sí; sigo pensando que reconocer el esfuerzo ayuda, pero sin convertirlo en un contrato con fecha de caducidad.
|
|
« Tema anterior | Tema siguiente »
|

