Hace unos meses lancé una identidad para un pequeño café de barrio, con una paleta muy cálida y una tipografía manuscrita. Al cliente le encantó, pero ahora me escribe diciendo que quiere atraer a un público más joven para eventos nocturnos, y siento que lo que hicimos no da para ese giro. Me preocupa haber priorizado demasiado el gusto personal del dueño en ese momento y no haber previsto la evolución del negocio. ¿Alguien ha pasado por algo similar con un proyecto de branding que después necesitó pivotar? No sé si ajustar lo existente o plantear algo desde cero, porque la esencia del lugar ya está asociada a la imagen actual.
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Qué hacer con la identidad de marca de cafetería para atraer a jóvenes?
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Puede que el branding de un café de barrio ya haya formado una historia y moverse a lo nocturno suene a traicionar esa historia, pero las marcas viven de abrazar cambios con calma.
Una opción es pensar en branding como una extensión no un reemplazo, conservar la base y agregar capas para eventos nocturnos sin perder la memoria del lugar.
Me preocupa volverse impersonal si la gente joven llega y solo ve un logo nuevo, a veces la emoción correcta es dejar que el lugar hable desde la experiencia y no solo desde la identidad.
Podrías probar una versión nocturna que use la misma paleta con iluminación cálida y menús simples, ¿y si el público joven responde mejor a experiencias en vivo que a un cartel nuevo?
Quizás convenga pensar en una incubadora de ideas donde se prueban cambios sin perder lo ya existente, el problema de saltar directo a algo nuevo es que olvidas de donde parte la audiencia.
Si se decide ajustar, propondría un plan de tres fases con métricas suaves y una versión de la identidad que funcione en redes sin cambiar la esencia, manteniendo el branding como base.
Puede que la clave sea la coherencia emocional y no solo la estética, la idea es que quien entra vea branding como una promesa que se adapta sin traicionar
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