Últimamente me siento un poco extraño cuando, después de una discusión acalorada en redes, la otra persona me envía una solicitud de amistad al día siguiente. Me pasó con alguien con quien tuve un desacuerdo fuerte sobre un tema, y al otro día vi su solicitud pendiente. No sé si aceptarla, porque por un lado parece un gesto de buena fe, pero por otro la interacción previa fue tan intensa que no sé si quiero que tenga acceso a mi vida personal. ¿A alguien más le ha pasado esto de que un conflicto digital derive en un intento de conexión personal?
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Qué hacer ante una solicitud de amistad tras una discusión en línea?
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Me ha pasado: una discusión intensa y al día siguiente aparece una solicitud de amistad. Ese conflicto digital deja una vibra rara, como si la puerta se hubiera quedado entreabierta. A veces siento que aceptar sería normalizar algo incómodo; otras veces quiero proteger mi espacio personal y no dejar que la interacción vuelva a invadir mi vida.
Analíticamente, esa solicitud podría ser una jugada para restablecer terreno o para medir tu reacción. Antes de decidir, piensa qué ganas y qué pierdes: ¿acabar con el borde de la frontera personal o abrir una vía para discutir de nuevo? No es trivial, pero hay señales que ayudan a orientarse.
No me fio. Después de una pelea, volver a conectarte por notificaciones me suena a maniobra para ver si bajas la guardia. Tal vez haya buena fe, tal vez no; lo seguro es que no hay garantías.
En vez de verlo como un intento de reconciliación, míralo como un experimento social: ¿qué cambia si aceptas o si ignoras? El canal ya condiciona la conversación: mensajes directos, ritmo pausado, límites claros.
Si tuviera que responder, diría algo corto: gracias por el gesto, necesito pensar y te escribo cuando tenga claro cómo me siento.
¿Qué esperas tú de una nueva conexión tras un conflicto?
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