Estaba jugando al Super Mario 64 por enésima vez y me di cuenta de algo que me dejó pensando. A pesar de que hoy en día los juegos tienen gráficos increíbles y mundos enormes, esa sensación de asombro y descubrimiento no la siento igual que cuando era un crío explorando el castillo de Peach por primera vez. No sé si es la nostalgia, o si hay algo en el diseño de esos juegos antiguos que simplemente se ha perdido. Me pregunto si a más gente le pasa lo mismo, que la magia de entonces era distinta.
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Qué hace que la magia de los juegos retro se sienta distinta?
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Como niño cada pasillo del castillo de Peach era un universo nuevo; hoy Mario 64 sigue soltando destellos, pero esa chispa es más un recuerdo cálido que una explosión de asombro, y la nostalgia se queda conmigo.
Tal vez el diseño de ahora empuja la exploración hacia rutas más claras: mapas, objetivos y tutoriales; antes te daban una zona oscura y tú encontrabas el tesoro a pulso, y eso genera sorpresa.
Puede que la magia fuera una promesa de descubrimiento alimentada por lo desconocido; con guías, speedruns y listas de secretos la lectura es más analítica y menos visceral.
Puede que la magia haya sido una construcción de nuestra infancia: nos vendían que cada secreto era un tesoro imposible de alcanzar y que el mundo era más grande de lo que parecía.
Replanteo: tal vez la pregunta correcta no es si la magia envejeció, sino qué tipo de juego podría devolverte esa sensación ahora, teniendo en cuenta tus hábitos de lectura y tus expectativas actuales.
Para mí la tensión está en cómo escribimos mundos: el diseño deja rendijas para la imaginación y la tolerancia a personajes extraños cambia según si vienes con ciencia ficción en la mochila o con novelas más realistas.
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