Llevo un tiempo atascado con un proyecto personal y no sé por dónde tirar. Quiero hacer una serie de ilustraciones sobre recuerdos de la infancia, pero cada vez que empiezo a bocetar me salen cosas demasiado literales, como una escena directa de una foto. Siento que me falta ese punto de vista personal que transforme la anécdota en algo más. He probado a trabajar con texturas y paletas limitadas, pero a menudo el resultado final me parece forzado. ¿Alguien ha pasado por algo similar cuando intenta darle un giro más conceptual a algo autobiográfico?
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Qué giro personal puedo darle a mis ilustraciones de infancia?
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Me pasa a veces que los recuerdos se quedan en imágenes literales y directas y eso apaga la chispa.
Quizá el truco es convertir cada recuerdo en una señal de algo más que la escena misma. Las texturas y las paletas limitadas pueden funcionar como esa señal sin ser literales.
Puede que tengas la tentación de malinterpretar la idea y hagas del recuerdo un objeto ajeno que parece desplazar la escena de la infancia.
¿Y si el giro no está en la técnica sino en la voz del narrador?
Prueba un ejercicio corto para tres recuerdos. Anota una emoción un color y una textura para cada uno y dibuja tres bocetos conectados entre sí.
Pienso en la memoria como un palimpsesto donde se superponen capas de recuerdos y sensaciones sin que todo se lea de golpe.
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