Hace poco me pasó algo que me dejó pensando. En el trabajo, nuestro nuevo sistema de evaluación automatizada marcó como "bajo rendimiento" a un compañero que todos sabemos es excelente, solo porque sus informes son más narrativos y menos estructurados. Me pidieron que revisara el caso y al ver los criterios del algoritmo, sentí que estaba penalizando la creatividad y la reflexión profunda. Me pregunto si al confiar ciegamente en estas herramientas no estaremos perdiendo algo humano en el proceso, sin darnos cuenta.
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Por qué la evaluación automatizada penaliza la creatividad en el trabajo?
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Me da rabia que un informe narrativo sea visto como menos valioso por un sistema de evaluación automatizada. Parece que la creatividad se paga caro y se pierde la chispa humana que se nota en cada idea.
La evaluación automatizada parece medir formato y consistencia más que impacto real. Si penaliza la narrativa sin ajustes hay sesgo algorítmico y variables ocultas que distorsionan el rendimiento.
Quizá el compañero no está fallando, solo comunica distinto; ese estilo podría clarificar cosas que el formato estricto esconde. El fallo está en que la evaluación automatizada no capta contexto.
¿No estaremos midiendo lo que ya sabemos medir en la evaluación automatizada y dejando de lado lo que el equipo realmente aporta?
La paradoja de Goodhart aparece cuando una métrica se transforma en objetivo y deja de medir lo que importa; en la evaluación automatizada a veces es lo que vemos.
Tal vez lo útil sea combinar criterios cualitativos y cuantitativos; la lectura de informes es distinta a la puntuación de un algoritmo y eso podría alterar el diseño de la evaluación automatizada.
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