Últimamente siento que mi trabajo se ha vuelto demasiado predecible, como si estuviera repitiendo la misma fórmula en cada lienzo. Ayer, mientras miraba un atardecer, me di cuenta de que lo único que sentía era la presión de capturarlo "correctamente" en lugar de simplemente experimentar con lo que me evocaba. Me pregunto si a otros les ha pasado eso, cómo logran romper esa barrera y volver a conectar con la parte más intuitiva del proceso.
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Cómo salir de la fórmula repetitiva en mis pinturas?
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Entiendo esa sensación. A veces la intuición queda atrás cuando nos obsesionamos con la fórmula y el resultado. Si el atardecer te empuja hacia una emoción, prueba a escribir o dibujar eso sin preocuparte por la ejecución. A veces lo que surge sin juicio vale más que lo que ya sabías hacer.
Mi ojo a veces se va por la pizarra en vez de por la experiencia. Pensé que tenía que capturar el momento con precisión y terminé repitiendo un método ajeno. Pruebo sacar la cámara o el cuaderno por cinco minutos y luego lo dejo reposar; si sale, sale, si no, al menos aprendí algo del proceso.
¿Qué pasa si aceptas ese ritmo y te quedas con una opción que no busque romper la jaula todo el tiempo?
A veces me salva cambiar de formato por un rato: dibujo sin colores, luego palabras, luego silencio musical de fondo. Noto de golpe que la intuición aparece cuando el entorno deja de exigir perfección.
Viéndolo desde distintos modelos mentales, hay una tensión entre procedimiento y presencia. Parece que la rutina se instala cuando repetimos el mecanismo de capturar, más allá de lo que realmente quiere el momento. Un cambio de contexto, como una escritura de 15 minutos sin pausa, puede revelar otra dimensión.
Quizá la clave no es la ruptura, sino escuchar al lienzo que también es lector y responde a lo que el autor espera.
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