Últimamente siento que mi rutina de autocuidado se ha vuelto algo mecánica, como una lista de tareas más que un momento para mí. Me levanto, medito los diez minutos de rigor, me aplico los serums en el orden correcto y sigo con el día. Aunque técnicamente estoy haciendo todo "bien", no noto esa sensación de reconexión que solía buscar. Me pregunto si a alguien más le ha pasado, si al centrarnos tanto en hacerlo perfecto le hemos quitado el alma al asunto.
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Cómo recuperar la presencia en mi autocuidado sin que sea solo rutina?
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Estoy contigo, a veces el autocuidado se siente como un examen diario en el que ya sabes la respuesta y la sala de espera se llena de ansiedad. Si la lista manda, el alma se esconde entre los pasos.
Podría ser que la precisión del ritual reduzca la atención que merece lo real, el contacto con la piel, la respiración y el silencio entre un serum y otro. Tal vez convenga variar el orden, acortar o ampliar momentos puntuales o incorporar sensaciones distintas para reactivar la curiosidad, incluso explorando mindfulness.
Tal vez estás pensando que lo importante es la rutina y no el resultado, pero quizá te obsesionas con la secuencia cuando lo que buscas es sentirte tú.
¿Y si la pregunta correcta no es si el ritual está bien hecho sino para qué quieres esa reconexión ahora mismo?
A veces basta con un reseteo, dejarlo en pausa y ver qué pasa.
Me huele a marketing de rutina perfecta, pero si no funciona quizá es porque buscar reconexión en un protocolo no resuelve lo real escucha el cuerpo y sus ritmos.
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